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LA SALUD MENTAL DE LOS INSECTOS

  LA SALUD MENTAL DE LOS INSECTOS Qué egoísta es el humano que pone sus bienes y su lucro por encima del resto del ecosistema. El aire que pasa por nuestra cara y las hojas que caen de los árboles reverdecidos, todo eso en vano. Caminamos, pasamos con nuestro auto y aplastamos la tierra, talamos y recortamos. Ponemos cemento sobre los campos y ahuyentamos a las abejas. Cortamos las flores y escupimos en los ríos. ¿Y quién piensa en la salud mental de los insectos? Diminutos y casi invisibilizados por una sociedad que odia lo natural. Pisoteados, literalmente, y aplastados en las paredes, pisos y aires. ¿Quién piensa en la depresión de las hormigas? ¿O quién defiende con celeridad y pasión la felicidad de las mariposas? Hace falta, para ser breves, un cuento donde se piense en el hábitat como un todo. Y sí, en él también cabe meditar sobre la salud mental de los insectos. Eduar Vargas González

LOS IDIOTAS

  LOS IDIOTAS Y volverán los idiotas a salir victoriosos. Pondrán su música en los carnavales, saldrán con sus banderas multicolor y colmarán las calles de alegría. Esa alegría chiquitita que es producto de los triunfos electorales, la histeria colectiva, los conciertos, las marchas y el cumplimiento de las reglas. Se pintarán las caras mientras se emborrachan del momento. Volverán a ponerse sus vestidos patrióticos y tocarán de nuevo sus trompetas. Romperán las basílicas y quemarán las bibliotecas. Volverán a cortar la cabeza a los reyes y tendrán la razón inocua para votar nuevamente por los mismos y viejos candidatos. Hurgarán en sus heridas colectivamente y se pondrán juiciosamente la venda con la que luego irán en fila camino a su casa. Romperán de nuevo sus techos y pintarán con sangre las paredes. Enseñarán el "buen uso" del lenguaje a sus hijas e hijos sobre lo que debe ser un hombre en sociedad. Y corromperán otra vez los monasterios, quemarán las escuelas y se...

LA PAUSA

  LA PAUSA La importancia de la lentitud y la reflexión mediada resulta infravalorada. El tejemaneje de lo cotidiano distrae de la riqueza del detalle, y la irascibilidad por acaparar el tiempo nos vuelve esclavos del momento. “Lo que nos colma nos vuelve más leves”, dijo en su momento Rafael Lechowsky. Nos volvemos ciegos, cínicos e insensibles ante lo valioso de la existencia. El punto, el color, la coma, la luz y la minucia; todo esto se enfrenta a la turbulencia, el ruido vacío, la queja vacua, la bocina de los autos y el grito desaforado en medio de la nada. Ahí entra, negada por muchos, la necesaria pausa. Ese momento sagrado de tránsito y reflexión concertada. La pausa está presente en todo: desde la misma naturaleza, que conoce de sus ritmos; el agua que cae con la velocidad perfecta desde las quebradas, y las fuerzas físicas que mueven inevitablemente a todo el universo. La pausa es elemental en la existencia y, a veces, olvidada por una sociedad afanada; controlada po...